Entradas

Mostrando entradas de abril, 2011

Final del círculo

Imagen
La noche me hiere. Así, desencajada y todo, relamo las llagas del dolor carcomidas por el frío del estupro que me recorre como una sierpe entre los muslos. Un aullido de guitarra se oye por la casa sin huéspedes, dejándome las cuerdas arrancadas en ésta garganta mía, sucia y lacerada. Y el vómito, me está alimentando y proveyéndome de vitaminas para seguir en ésta cuerda floja que tengo por vida. Cuento los segundos, como una presidiaria del Penal 14, tratando de herir a los muros del cuarto acosado de líquenes. Ahí está, el silencio rojo apilado en tristes montones, llorando de humedad en su envoltura. Me acuso y me condeno impenitente a la luz de las velas derruidas de cera… que poco alumbran. De nuevo-------- el comienzo.

Conjuro para dos

Imagen
Tengo un manojo de llaves maestras dispersas por el apartamento. Tengo un dolor de espina que me sirve de anuncio macabro, a la hora de salir de cacería. Tengo sed de sangre humana y antojos de desmembramientos. Tengo ganas de incursionar en la tortura……….. con la electricidad.
Abuelos con rostros de víctima que inspiran tan solo el descarte de lo mal vivido. Yo, herida y rota, transité la pubertad como una ignota, buscando respuestas a lo incontestable.
Camino la noche y un perfume a naftalina me lleva por oscuros senderos. Olores que se perciben cercanos a medida que  llego al sitio prometido. Mi estatura pequeña, sumada a mi habilidad para volar, me permiten llegar a lugares altos y diminutos.  Vislumbro una ventana abierta tres pisos arriba. Una luz débil y una música antigua llegan como un presagio. Los clarines de guerra dibujan extrañas formas mostrando, a la vez, una belleza mediterránea sobre las paredes. Inspiro aire y doy un salto mortal hasta llegar a la cornisa. Descubro  …

Me ha llegado una carta misteriosa.

Imagen
1:21 am.


Estoy fumando con la pasión con la que fuman los murciélagos de noche, mientras reviso la correspondencia. Pergaminos antiguos, sobres amarillos encajonados como si tuvieran más valor, inclusive, que un lingote de oro y restos de pétalos dispersos por aquí y por allá sin cumplir ninguna función. Me dispongo a tirar la basura cuando de pronto…un nuevo hallazgo nocturnal. Exhalo el humo vaporoso de la boca, (en el fondo tengo malas intenciones ambientales). Respiro hasta donde me lo permiten mis pulmones y desdoblo el papel. Leo en voz alta lo allí escrito: “Un abominable morbo asecha”. Sonidos extraños se oyeron en la cocina. Apago las luces para poder ver mejor -como los gatos- y con sigilo felino me acerco a hurtadillas. No hay nadie, entonces, arrojo la colilla al suelo y me desplomo como un paquete sobre el sofá. Me quedo respirando, sin misterios, la humedad proveniente de la ventana del fondo.